 |
Foto Archivo Año 2004 El Comisario de la Seccional 36 responde ante una manifestación de vecinos |
|
|
|
En un episodio donde están sospechados efectivos de la Comisaría 36, segaron la vida de un joven músico. Convocan en el C. C. Flores Sur (San Pedrito 900) el 10 de mayo a las 20 hs para tomar medidas.
El «chasqui» (como lo conocían en su grupo) fue el 21 de abril, como todos los sábados, a ensayar en la Plaza donde termina la Línea E de subte con el grupo Sartañani.
De origen salteño, con 31 años de edad, algunos lo conocían porque vendía las Re-vistas Hecho en Buenos Aires en algunos lugares del microcentro porteño o en IUNA. Componía música y escribía, daba cursos. NO tenía ningún antecedente policial.
Después del ensayo tomó junto a otro compañero de su grupo, a las 2.30 hs el colectivo 76 rumbo a Nva. Pompeya, pero nunca llegó.
Su humanidad recibió dos balazos policiales en un confuso episodio que mantiene en vilo a familiares, amigos y a la sociedad toda.
Todo aquel que tiene la piel cobriza, que circula por la ciudad de Buenos Aires sabe de maltratos o vulneración de sus derechos, por parte de funcionarios de Estado o la sociedad que no tolera la diferencia.
Lo cierto es que, según relata el único testigo dentro del colectivo, tuvo un alter-cado, al principio verbal y luego se fueron a las manos, con el colectivero.
Este decidió cerrar las puertas del vehículo y dirigirse de contramano y a alta velocidad hasta la comisaría.
Una vez allí, el pasajero que compartía la unidad con Córdoba saltó por la ventana, con las manos en alto no pudo evitar que le propinaran una paliza.
Según consta en la morgue, Eduardo Córdoba murió en a las 3:10 hs.
Según la versión policial Eduardo habría realizado los delitos de «atentado y resistencia a la autoridad, disparo de arma de fuego», etc., se habría enfrentado con la policía, le habrían disparado en la esquina de la comisaría, habría sido herido, subido a un vehículo y trasladado al Hospital Penna, donde habría fallecido.
La declaración del chofer César Díaz de la Línea 76 ayudará a la justicia para llegar a la verdad que tiene esta vez en la mira a los policías.
Sospechas de gatillo fácil
Los efectivos de esa dependencia tendrán que probar que Eduardo haya usado la su-puesta arma que tenía, con la cual hipotéticamente se resistió a su detención frente a la comisaría.
«El testigo que iba en el colectivo dijo que no le vio un arma y que no hubo un robo,
sino una pelea, y que el colectivero no los dejó bajar y los llevó hasta la comisaría.
«Si mi hermano hubiera estado armado, el colectivero no hubiera ido a la comisaría», razonó su hermano José Castillo.
Siempre según este testigo, Castillo dijo que «al llegar a la comisaría, este joven salió del colectivo por la ventanilla y fue detenido por los policías».
Contó que vio a Eduardo por última vez cuando estaba vivo arriba del colectivo y que el chofer se bajó y les dijo a los poli-cías: ‘Háganlo mierda porque él también es una bosta», indicó el hermano del joven muerto.
La Jueza Guillermina Martínez indicó el lunes 23 de abril que avisen a la familia del de Eduardo, que ya estaba identificado, pero ante la visita de los familiares negaron reiteradamente tener datos al respecto.
La noche del 23 ante la insistencia de los familiares le entregan un papel para que vayan a averiguar en el «Juzgado de Instrucción 36», que es efectivamente el Juzgado que intervenía en el hecho aún cuando la policía al mismo tiempo sostenía no poseer información sobre él.
La jueza liberó casi inmediatamente al otro joven detenido sin tomarle declaración alguna.
La letrada Mabel Coldago, que patrocina a la familia de Eduardo contó a Renacer contó que el testigo declaró ante la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y que desconoce si esos efectivos fueron separados de la institución para poder ser investigados.
Lo cierto es que la Comisaría 36 junto a la Comisaría 34 vive en estos días un juicio en el cual está sospechada de “armar” una causa ocurrida hace dos años, donde el acusado recibió 8 balas de los policías.
Todo ocurrió muy rápido esa noche, desde que subió al colectivo hasta que apareció muerto en el Hospital Penna, pasaron 40 minutos, se tarda de 15 a 20 minutos en llegar a la Comisaría y otros 10 minutos en ir al Hospital Penna.
Todo ocurrió frente a la Comisaría, era mas fácil detenerlo que matarlo.