Construyendo espacios de encuentro

Una campaña para aliviar el dolor de los inundados en Bolivia aúno a los bolivianos en Argentina

En el prólog del libro Qhapaq Ñan, la ruta inka de sabiduría, de Javier Lajo, se alude a la condición de los pueblos originarios como víctimas desde la invasión, y que esta experiencia no debe ser la que defina el sentido de la vida (víctimas permanentes): «no obstante superar la gravedad de la experiencia traumática. Y descubrir que de ahí para adelante se puede construír algo positivo, es decir no considerar esa mala experiencia como una «maldición», sino como una forma de reinventarse de allí para adelante». El rol de víctimas permanentes lleva a la protesta y al desahogopero no encuentra correspondencia con una solución efectiva de las problemáticas constantes que padece nuestra comunidad. René Zavaleta, sociólogo boliviano, escribió que «el rencor no conoce, aún cuando sea el mismo legítimo».

Se trata de la búsqueda de otras formas de abordar la resolución de los problemas colectivos. Ante la carencia de formas institucionales eficaces en el seno de la colectividad, traducida en representaciones genuinas y maduras, los organismos del estado argentino suelen no hallar interlocutores válidos para encarar de forma conjunta las acciones para resolver los problemas. Aún cuando sea casi una obviedad decirlo, nosotros vivimos en la sociedad argentina. Las resoluciones y acciones deben provenir de las áreas del estado respectivas, si es un problema policial es jurisdicción de la policía local y de los organismos judiciales. Pero al no encontrar representaciones maduras, el estado argentino apela con suma facilidad a soluciones básicamente represivas. Ello es muy evidente en el tratamiento de la problemática de los talleres textiles.

Se ha escuchado a más de un funcionario decir en los medios que llevan «clausurados más de 500 talleres». Nos preguntamos qué sucede con los trabajadores. Ciertamente ya no es su problema y a lo sumo aparece algún tipo de subsidio eventual para algunos, que no es la solución pues estamos hablando del mantenimiento y generación de fuentes de trabajo genuino.

Veamos otro ámbito. Si las festividades patronales masivas, tan necesarias para nuestro sentido de socialidad comunitaria y ritual andina, generan problemas diversos pues entonces se las reprime y persigue como ocurrió en la década del noventa en Villa Celina y los vecinos tuvieron que alquilar un predio cerrado, cuando hasta entonces se hacía en las calles. O se la reduce tan sólo a un hecho religioso cuando estas festividades son auténticas manifestaciones de la cultura popular y su acompañamiento requiere de acciones múltiples que abarquen el tema de la seguridad, infraestructura, difusión, etc.

En definitiva, no existen en la actualidad intermediaciones eficaces en su regularidad con el estado argentino. La representación consular a lo sumo puede acompañar en muchas áreas de conflicto, pero no se puede esperar que funcionen a manera de «delegados». No es su función y tampoco demostraron mucha actitud en todos estos años.

Es necesario buscar otras formas de abordar los problemas y de relacionarse con el estado argentino para resolver los mismos. En todos estos años, muchas personas nacidas en el seno de la colectividad se fueron capacitando en diversasdisciplinas, y sería bueno que encuentren formas de canalización de sus destrezas y saberes para contribuir al interés colectivo. Hay una generación de comunicadores y profesionales jóvenes que creemos también puede aportar en este sentido.

También es importante disponer de correcta información, consideramos que este medio, desde la perspectiva de los pueblos originarios y la colectividad,ha cumplido hasta el presente un rol importante en esa tarea. En el mes de noviembre pasado nuestro medio realizó una jornada donde además de presentar un libro de una de nuestras periodistas sobre los medios de comunicación radiales planteamos algunas reflexiones acerca de todas estas cuestiones. La respuesta y la concurrencia fueron mucho más favorables de lo esperado, y dejaron sugerencias sobre otros eventos.

Es necesario establecer puentes constantes con la sabiduría de nuestros abuelos, con el conocimiento y la ciencia de los pueblos andinos y originarios, aclarar las falsas como insuficientes informaciones sobre determinados temas, el caso de la hoja de coca es unos de ellos que produce sucesos como la reciente detención de tres mujeres en La Salada y la injusta detención que padece desde hace más de un año Irineo Mora Sandi.

El tema de los talleres es mucho mas complejo que una cruda relación explotador / explotado, en la mayoría de ellos están presentes relaciones y formas sociales propias del ayllu y la jatha, son talleres pequeños que funcionan en base a relaciones de familia, compadrazgo y paisanaje. En todo caso problemas como la explotación del hombre por el hombre o la erradicación del consumo de droga son problemas sumamente complejos de las sociedades capitalistas actuales. No ignoramos que hay formas de explotación en muchos casos pero no se considera a la gran cantidad de talleres que representan una genuina oportunidad laboral y de acceso a mejores condiciones de vida. La forma reduccionista (son «esclavos») y represiva no condujo a soluciones efectivas hasta el presente.

Pero confundir coca con cocaína o mezclar la gran mayoría de los talleres con los que explotan de manera despiadada, como si representaran lo mismo, es, al menos, obrar sin criterio.

Es tiempo de presentar otros espacios y otras formas articuladas de discusión, de información y conocimiento y desde ellas generar acciones organizadas, maduras y eficaces, tratando de articular en la acción formas representativas con estructuras estatales.