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La hermana y primera dama |
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Esther Morales, la hermana mayor del presidente, es la primera dama debido a que su hermano es soltero.
Esther Morales nació en 1949 en al ayllu de Isallavi o Calavilca, del cantón de Orinoca, en la provincia orureña de Sud Carangas. Antes de que su hermano fuera elegido presidente, se ganaba la vida en una tienda en la calle Jaen en la ciudad de Oruro. Ella recibió a Renacer el último día del 2005, unas horas antes de partir junto a su hermano al pueblo donde nacieron. Subimos al living de su casa en el 1º piso, y comenzó a contarnos como vivió los últimos meses de campaña electoral. Como su imagen no era pública, podía observar lo que algunos orureños decían por la calle, producto de la "guerra sucia" que planteó la oposición. Algunos decían: "si gana, se va a cortar la ayuda norteamericana" y yo les contestaba si alguna vez les había llegado alguna partecita de la ayuda.. También decían: "ahora va a haber mas cocaína, el Evo tiene muchas hectáreas de coca" Doña Esther tiene mas de 50 años, tiene dos hijos y participó en la campaña del MAS apoyando a su hermano. Cuando habla de su hermano reconoce que para llegar a sus objetivos tuvo que lidiar con las hostilidades de muchos. "Evo no llegó fácil, el comenzó en 1978, fue procesado, encarcelado, confinado y padeció huelga de hambre". Tratando de entender porque se había volcado a la vida política, ella nos decía: "como sindicalista no podía hacer nada, había que meterse en la política". Ante la incógnita que surge ante la responsabilidad que iba a asumir en contados días, Esther nos decía: "Yo confío en mi padre, en mi madre, que están muertos, y también tenemos el cerrito Cuchi Cuchi". En la cultura aymara, todo el entorno tiene vida, y los cerros tienen nombre y su energía, que se respeta y venera. "Mi tío fue combatiente en la Guerra del Chaco y nos contaba que se encomendaba al cerro protector" Recuerdos de la infancia La vida en el campo, implican una serie de vicisitudes que pasan a ser recuerdos lejanos, y que perviven en la memoria con la naturalidad de aquella época. Ellos eran una familia numerosa, de los siete hermanos y sus padres, solo sobrevivió ella, Evo y el menor que se llama Hugo. Luis, Eduvé y Reina murieron a muy tierna edad y otro murió al nacer. Recuerda con precisión el nacimiento de su hermano, un 27 de octubre de 1959 a la mañana, su mamá María Aima Mamani tenía una hemorragia desde temprano, y el parto fue tan dificultuoso que la vida de la madre y el niño corrió peligro. Su padre, Dionisio Morales Choque, corrió desde Isallave hasta la comunidad de Orinoca, esperando encontrar a la partera del lugar, pero regresó sin ella, después de horas. Se hizo presente entonces la abuela de la comunidad de Isallave, la "tía" Luisa, se acercó hasta la boca de la parturienta y su voz débil se dejó escuchar entre los gritos: "Tal vez te antojaste algo y por eso la guagua no puede nacer". "Esta mañana he visto hornear pan y eso me antojé", respondió María. Hicieron pan en forma inmediata, la parturienta lo probó y el niño nació. De niño cuenta que Evo "era muy fregado", recuerda que en una oportunidad que su madre estaba cocinando watía él se acercó y al querer servirse, se cayó a las brasas y no sufrió quemaduras de consideraciones porque usaba ropa de bayeta. "Lo sacamos y lo fuimos a curar a la estancia. Lo curamos con pasa y sal". Como todo niño campesino del altiplano, el acompañaba el rebaño de llamas a orillas del lago Poopó y hasta sus siete años solo hablaba aymara. Siguió en la escuela, pero para ello tuvieron que trasladarse a Orinoca, donde enseñaban hasta quinto grado. "Éramos bien queridos por nuestro papito" concluye Esther. La niñez y juventud Cuando tenía 6 años, el padre, Evo y ella fueron a la zafra de la caña de azúcar en la comunidad de Galilea, en la provincia de Jujuy, Argentina, recuerda que Evo vendía helados. "Peculé, peculé" ofrecía. Otro recuerdo que tiene fue cuando su padre y Evo se fueron durante un mes con lo que sembraron a la localidad de Independencia en el valle cochabambino, para hacer trueque en ese lugar. Allí recuerda que su hermano imaginaba viajar a ese lugar donde crecían las naranjas, el comía las cáscaras de los que pasaban con sus micros. Intentando develar porque su hermano se había convertido en un líder, ella recordaba que "en Orinoca el era el mejor alumno de la escuela, el presidente de su curso" Y agregaba "mi papá era un poco líder también". Recordaba que su padre les decía: "lo que en reuniones uno opina, tiene que hacerlo" Su padre les daba la responsabilidad de cuidar a las ovejas, y el zorro era un virtual depredador de quien tenían que tener cuidado. Recuerda que el zorro le inspiraba miedo. "Nosotros cultivábamos papa, quinoa, cebada y hacíamos chuño. Al mes carneábamos una llama". La migración Cuando ella tenía 13 años recuerda que sufrieron hambre: "Por la sequía que sufrió el ayllu mi papá se fue a buscar otros terrenos, porque se habían confiado que iba a haber un buen año, pero la sequía hizo que no tuviéramos nada para comer. Solo maíz blanco y papa con un poco de grasa y harinita era lo que comíamos". Había que buscar soluciones urgentes y recuerda que tuvo que partir. "Una familia se había ido a Santa Cruz y mi papá me mandó con ellos para sembrar arroz". Del altiplano a las tierras bajas, ella cuenta que no conocía ni la ciudad de Oruro. "Hacía mucho calor allí, el señor me pagaba con una latita de arroz por día. Estuve tres meses allí, me acompañaba un primo que ahora vive en Alemania". El aporte de su trabajo fue vital para la sobrevivencia familiar. El arroz fue un tesoro para la dieta familiar en el castigado altiplano. En 1980 se produjo una helada que destruyó los cultivos de Isallave y su padre decidió emigrar al Chapare para que no sufriera hambre su familia. Puerto San Francisco, en el trópico cochabambino, fue el nuevo hogar de la familia Morales Ayma. Los orígenes La madre le repetía insistentemente el "ama sua, ama quella y ama llulla" los preceptos andinos que había que respetar para convivir en sociedad. Le consultamos a Esther si conservaba las prácticas de sus antepasados. Debido a que han tenido que emigrar, poco pudieron seguir con los usos y costumbres de su ayllu, pero cuenta que su hermano ha ido dos veces el año pasado, a pedir licencia al cerro Cuchi Cuchi, fue con una llama blanca y un cordero. "Yo intento que mis tres hijos no pierdan ese respeto con nuestra madre tierra". |