Día de la lealtad boliviana

Una cholita pasa frente al Cabildo de Buenos Aires
 

Una multitud copó la Avenida de Mayo para ver bailar a las fraternidades, en el “otro” 17 de octubre.

Cientos de paisanos ultiman los detalles previos a la partida: caporales comprando guantes a seis pesitos, ellas que terminan de delinear sus ojos y estirar suavemente las pestañas, alguna copita para lubricar la garganta de los trompetistas, unos churros o bolas de fraile para dar energía a los hombres del bombo y las sonrisas que se multiplican en el mediodía de una jornada que quedará guardada en la memoria de todos los bolivianos que radican en la Argentina.
Es que el sábado 17 no fue un día cualquiera, porque unos 5.000 bailarines, agrupados en 40 fraternidades folklóricas, coparon a base de color, música y simpatía el corazón de la histórica Avenida de Mayo, para celebrar el encuentro "Integración Cultural Bolivia en Buenos Aires".
Aunque el gobierno de la ciudad prácticamente no hizo ninguna difusión, los mismos integrantes de los grupos que tienen su propia “hinchada” y amantes de la música y las danzas no faltaron a la cita.
Dicen que por primera vez la hora boliviana fue solo un recuerdo folclórico. Todo comenzó muy puntual, las 13.30 la primera fraternidad partió desde el cruce de la Avenida Belgrano y la calle Piedras, en pleno centro neurálgico de la ex ciudad de la furia, ahora devenida en glamorosa y siempre turística Buenos Aires.
Primero fue el turno del combativo tinku y sus saltos sobre el gris pavimento; después vino la sikuriada y sus rondas eternas; más tarde, un mar de cholitas hizo flotar a la Diagonal Sur, y hasta la estatua del genocida Roca fue casi volteada por un tsunami multicolor de polleras y sombreros borsalinos; finalmente, los caporales agitaron sus sombreros al ritmo de sus botas cascabeladas, hasta casi las nueve de la noche.
La imagen fue demasiado potente para todos los presentes. El Gran Poder, el carnaval de Oruro (por supuesto que en miniatura) cambiaban sus tradicionales escenografías de cerros y calles empinadas por las marquesinas de la Avenida de Mayo y el fondo pastel de la Casa Rosada. Muchos paisanos destacaron que hubo poco alcohol y menos robos que en Charrúa, pero quedarse solo en esos detalles sería cerrar el foco en algunos puntos que no marca la verdadera diferencia con la fastuosa fiesta en “Charruamanta”.
Es imposible pensar todo este despliegue sin la festividad que se realiza el segundo y el tercer domingo de octubre en “la frontera”  de tres barrios porteños Bajo Flores, Nueva Pompeya y Villa Soldati,
Sí, ya sé paisano, no es lo mismo que Charrúa, todavía al encuentro en Avenida de Mayo le falta mística, es como una wawa recién nacida que debe comenzar a descubrir sus posibilidades, que necesita apoyo, que necesita que planeen su futuro. Que quiere crecer como creció Charrúa, pero que no quiere que lo tomen como botín de guerra de unos pocos.

 

Algunos dirían parafraseando a Oslvaldo Soriano en su libro “No habrá más penas ni olvido” que estábamos ante un tipito día peronista.No porque cayera casualmente un 17 de octubre –fecha fundacional de la liturgia peronista- y la historia transcurriera  por el Cabildo, la Avenida de Mayo y la histórica Plaza (esta vez teñido con la tricolor boliviana) de lo que Raúl Scalabrini Ortiz llamó el subsuelo de la patria sublevado.
Este sábado, a 64 años de aquel hito popular, el subsuelo que pobló, mejor dicho que bailó en las avenidas del centro porteño, trajo el orgullo de miles de paisanos que vinieron desde toda la ciudad, buena parte del interior y desde Bolivia, para sublevar con sus danzas, su alegría y su música a todos los atónitos espectadores que caminaban por el microcentro. En definitiva, esos paisanos pudieron cargar con nuevos significados al devaluado día de la lealtad. Que como viene la mano, y después de la fiesta del sábado, tendría que ser rebautizado como el “Día de la lealtad boliviana”. Si hasta cuentan que varios danzarines acalorados refrescaron sus pies en las fuentes de la Plaza de Mayo.

Por Nicolás G. Recoaro

Las chicas de caporales en pose osada
 

Los tinkus recorren Avenida de Mayo
 

 

 

 
periódico Renacer

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