Salen los diarios de puño y letra del Che

Clásica foto de Ernesto Che Guevara
 

Al cumplirse 41 años de la muerte de Guevara, el gobierno de Bolivia decidió editar los escritos que tenía cuando lo atraparon. Registraba sus impresiones sobre los compañeros de su última campaña.

Cuando lo ejecutaron en la es-cuela de La Higuera, el Che Guevara tenía consigo lo de siempre: sus diarios. En ese momento eran dos cuadernos que documentaban su campaña militar en Bolivia, una agenda y algunas fotos en blanco y negro. Los mismos documentos que el gobierno de Evo Morales acaba de mostrar al mundo después de que permanecieran guardados 22 años en una bóveda del Banco Central dentro de un sobre bajo el rótulo «secreto de Estado», y con una historia de intrigas a cuestas.
Según declaró el viceministro de Desarrollo de Culturas, Pablo Groux, a partir de estos documentos se hará la primera edición facsimilar del diario de la campaña del Che, que se publicará en octubre para conmemorar los 41 años de su muerte.
«Será una edición histórica que permitirá a los lectores contemporáneos conocer la letra a pulso del Che. Las publicaciones tratarán de ser lo más parecidas posibles a los originales?, recalcó. Además, la idea de los funcionarios bolivianos es que lleve un prólogo de Fidel Castro

y otro de Evo Morales.
Lo que salió a la luz ayer y se conoce como «el diario del Che en Bolivia» fue escrito en dos etapas: de noviembre a diciembre de 1966 y de enero a octubre de 1967, cuando lo capturaron. En el otro documento, una suerte de agenda, figuran las anotaciones que el revolucionario argentino hacía sobre los guerrilleros que lo acompañaron durante su campaña por la selva del sudeste boliviano.
Pero lo más llamativo de estos documentos es el periplo que hicieron antes de estar seguros en una bóveda bancaria. Fue el coronel Joaquín Zenteno Anaya, al mando de los rangers entrenados por los boinas verdes norteamericanos, el primero en secuestrar los cuadernos del Che y en declarar que se guardarían como secreto de Estado. De haber sabido el uso que se le darían luego, su autor no los habría dejado al alcance del enemigo: al poco tiempo se los leyó para incriminar al francés Régis Debray y al argentino Ciro Roberto Bustos, acusados de participar de la guerrilla.
Más allá de esta aparición esporádica, los originales quedaron guardados como trofeo de guerra en el Departamento del Ejército boliviano con algún militar a cargo de su custodia. Sin embargo, una copia de este diario que había hecho un agente de la CIA infiltrado antes del asesinato del Che ya había empezado a circular y unos años después, gracias a una maniobra del ministro de Gobierno Antonio Arguedas, llegó a manos de Fidel Castro. Se publicó el 1 de julio de 1968 y desde el gobierno boliviano sólo atinaron a decir que era una versión apócrifa, pura invención cubana.
Pero en 1983, tras una inspección realizada en la caja fuerte supuestamente custodiada, se comprobó que los originales habían desaparecido. Reaparecieron unos meses después cuando un aviso de  Sotheby’s, en Londres, anunciaba que se rematarían los diarios del Che con una base de 350 mil dólares. Luego se comprobó que en el «robo» había intervenido una persona de nacionalidad italo-argentina y el propio dictador Luis García Meza, quien fue el que se los había entregado.
El regreso a Bolivia requirió tres años de demandas. Finalmente, en 1986, se pusieron en la bóveda, a cargo del Ministerio de Relaciones Exteriores, en la que permanecieron hasta ahora, acrecentando el misterio que envuelve todo lo relacionado con la muerte del Che.

Crítica

 

 
periódico Renacer

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