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Duro invierno para los niños alteños

Clefa y thiner son los elementos que utilizan para inhalar

Los albergues para las noches de frío son insuficientes en El Alto la temperatura llegó a nueve grados bajo cero.

En la ciudad de El Alto, los albergues temporales para cubrirse del frío no alcanzan para la población urbana de la calle. Adolescentes y niños, se ven obligados a pernoctar en las calles de la ciudad más alta del mundo, ubicada a 3.660 metros sobre el nivel del mar y, donde en algunos días la temperatura osciló entre los tres y nueve grados bajo cero.
La situación se agrava cuando autoridades municipales confiesan que no existen convenios formales de protección para los eventuales pernoctadores entre la Alcaldía alteña y los albergues de protección.
Por las mañanas, en El Alto se congela el agua de las cañerías e incluso de las cunetas y pozos por donde pasan las aguas servidas. Las frazadas son insuficientes y los resfríos aumentan.
Por la noche, en la puerta de la Alcaldía quemada se reúnen técnicos de la Defensoría alteña, personal de la Comisión de gestión social junto a personeros de la ONG Maya Paya Quimsa para luego dirigirse, en sus movilidades, por las calles, tilines y plazas con el objetivo de invitar a los niños y adolescentes a pasar su noche en una casa refugio.
Cerca de las nueve de la noche el termómetro marca siete grados bajo cero y la tarea continúa. Aunque algunos no aceptan la convocatoria.
En la comitiva todos se ponen contentos al ver a Freddy, un niño de 11 años consumidor de clefa que, por ‘el vuelo’ (está drogado), no tiene noción de lo que sucede. Lo único que atina a decir cuando se encuentra con el personal es “no quiero pasar frío por esta noche. Mañana hay que buscarse la vida”.
La concejal Marina Murillo, responsable de Gestión Social del municipio alteño y que participó en el trabajo, explicó que han realizado peticiones a través de notas escritas a las instituciones de albergue para que informen sobre la disponibilidad de espacios para que puedan pernoctar mayor cantidad de jóvenes y niños.
De pronto, en medio operativo  apareció Leo y con él alrededor de 15 adolescentes (9 y 18 años). Leo es como hermano mayor de todos ellos y dice muy directo: “Esta noche iré a dormir con mis chivolos, sólo por ver cómo me los tratan”.

Clefa y thiner son los elementos que utilizan para inhalar
Las rondas nocturnas dependen de la carga de combustible que se vuelve un trámite burocrático

Suben todos a la camioneta compartiendo lo que ‘se encontraron recién’. Momento en que el duro invierno hace temblar hasta al más valiente. Nuestros amigos tiemblan y en seguida sacan y comparten sus lanas sopadas en clefa o thinner para aspirarlos, hacen una inhalación pronunciada para combatir el frío. Uno de ellos pregunta: “¿Habrá espacio y camas para todos?”, la incógnita sigue hasta llegar a centros que los acogen por la noche.
Las camionetas de la Defensoría y de la concejal Murillo se trasladan juntas hasta los lugares convenidos. En el camino les piden que dejen de ‘volar’. Al llegar a la ONG Adulam, ubicada en Alto Lima, mientras se espera del registro de los jóvenes, Miguel, de 12 años, dice: “Vale la pena venir esta noche, aunque no se hagan ‘puntos’”, lo que significaría hacer alguna actividad nocturna que les beneficie a todos por igual, como hermanos.
Se quedan todos y, como era de esperarse, un dormitorio de cuatro camas para nueve niños casi adolescentes es lo único que queda, pero deciden quedarse.
La Comisión luego se dirige a la ciudad de La Paz, a la Fundación Arco Iris. Boris Conde, educador social, trata de convencer a tres niños menores de 10 años de que se queden. Cada uno recuerda el maltrato que los funcionarios policiales les propinaron al arrojarles con gases la noche anterior.
La actividad concluye casi a la una de la mañana. Todos los recogidos son niños y jóvenes alteños, casi no hay mayores en El Alto. 

Wendy Inarra
Cambio

 

 
periódico Renacer
Artículo cargado el 31/8/10
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